sábado, 21 de marzo de 2020

Escalada en el Ponoig y Peñón del Divino

*Día 23 de Noviembre del 2019:

Rafa y yo tenemos sed de aventura, además de un fin de semana libre para poder coincidir, con un tiempo dudoso, amenazas de lluvias y viento, y un frío inevitable pero soportable.

Hay una frase que siempre me ha dicho mi amigo Sami justo cuando me voy a enfrentar a una vía dura; “estás fuerte y sabes lo que quieres”.

Y en este momento, se estaba dando el caso en cuestión. Nos sentíamos fuertes y sabíamos lo que queríamos. De modo que solo podíamos ver ventajas. El tiempo dudoso haría que pese a ser fin de semana no hubiera demasiada afluencia de gente en la montaña. La amenaza de lluvia y el incómodo viento nos obligarían a escalar rápido y eficientes por necesidad, lo que nos parece estupendo. El frío nos apoyaría a modo de menor deshidratación y mayor rendimiento muscular durante la escalada.

Como objetivo para nuestro primer día de aventurilla, ponemos el Ponoig en el punto de mira. Es una montaña muy querida por los vecinos escaladores de la zona, bastante vertical, con una caliza de muy buena calidad, una aproximación que no es ni mucha ni poca, con una bajada desde su cumbre un tanto asequible aunque un poco larga, pero por encima de todo, era una montaña que ninguno de nosotros había escalado. Primera razón por la que nos motivaba escalar en esta zona. Explorar nuevos lugares es una de las cosas más atractivas que envuelve una aventura, y por suerte en la escalada y el alpinismo se presenta constantemente la oportunidad.
Ponoig
Legamos al parking el viernes por la noche con el tiempo justo para abrir la tienda y dormir. Rafa se quedó pasando al raso la primera parte de la noche, pero pronto se puso a llover y se metió dentro casi de un salto.
Con las primeras luces nos vamos espabilando poco a poco, desayunamos todo lo bien que podemos, cogemos el material imprescindible y nos ponemos a caminar hacia la pared.

Como primera vía, habíamos pensado en hacer “Cocidito Madrileño 450m, 7b+”, ya que supuestamente era una vía bastante equipada y podríamos hacerla rápido. Según lo que tardásemos nos plantearíamos si hacer una segunda vía más corta y rapelable como “Gorilas en la roca 180m, 6c+”, (dos recomendaciones que traíamos de casa)

Llegando al pie de vía lloviznaba levemente, no lo suficiente como para achantarnos. Lo que nos sorprendió más, fue encontramos por delante con dos cordadas que habían venido juntas para escalar una variante de la “Cocidito”, pero que compartían los primeros largos. De la primera cordada (que ya se encontraban en la primera reunión) había una persona que se encontraba muy floja y la descolgaron al suelo mientras la segunda cordada iba empezando a escalar. Cuando salió la ultima persona escalando de segundo, Rafa, tal y como lo había decidido el piedra papel tijera, salió detrás manteniendo la distancia y sin meter presión a nadie. Cuando llegó a la reunión (con 4 personas), muy educadamente pidió permiso para adelantar, y con algún refunfuñeo nos lo dieron y este continuó escalando hasta sacarme en ensamble. 
Cuando comienzo a escalar, me doy cuenta de que al menos estos primeros largos fáciles no estaban tan equipados. Cuando llego a la altura de la primera reunión me encuentro con las cuatro personas esperando a que pasáramos. Saludo, y solo uno de ellos me devuelve el saludo. Los demás parecen molestos de haberse visto obligados a parar para darnos paso. Realmente nos les abríamos interrumpido más de 7 minutos, un tiempo insignificante para una cordada estandar. Pero por desgracia, a veces el ego puede. Estaban en su derecho de enfadarse, aún con pocas justificaciones (desde mi punto de vista), pero peor para ellos.
Cocidito Madrileño 7b+ al Ponoig
Rafa se había ido saltando seguros para que le durase el material y poder empalmar los máximos metros posibles. Al pasar yo por detrás con la cuerda por arriba, escalo secciones que me parecieron duras para hacer a vista y saltándose tantos seguros. De este modo nos quitamos algo más de 100 metros para calentar y en a penas un momento, lo que fue para nosotros una fantástica manera de comenzar el día.

El siguiente largo es un 6b cortito que hago rápido, luego Rafa hace el siguiente 6a+ también muy cortito pero en el que rozaban bastante las cuerdas, y montó reunión para dejarme el largo duro de la vía.

Había oído hablar de que era un techo durísimo que obligaba a hacerse en artificial. En el croquis lo daban de 7b/c?. Traté de no condicionarme y le avisé a Rafa de que iba a muerte. Él me pasó su energía a través de nuestro choque de puños y me tiré a por el largo sin dudar.

Es cierto que desplomaba bastante y que había buen patio debajo, pero también daba mucho canto. Al final resultó ser el largo más bonito de la vía. Con una primera parte de fuerza resistencia, seguida de un reposo activo, y para finalizar una placa desplomada de no confundirse en la lectura. Ya que no era nada fácil deshacer movimientos y te podías quedar vendido fácilmente, como le pasó a Rafa. Aunque también es cierto que el escalar de segundo llevando la mochila y más aún en un largo como este se nota mucho.
Yo pude encadenarlo y disfrutarlo como un enano. Finalmente me pareció un 7b+ bien puesto.

Javi Guzmán y Rafa Gómez en Cocidito Madrileño 7b+, Ponoig

Por lo general nos hizo un día fresquito durante toda la vía, pero nosotros estábamos encantados de poder escalar con el forro puesto.
Continuamos escalando disfrutando de cada largo y sin problema alguno hasta la cumbre.





Como llegamos al pié de vía con una buena marca en el cronómetro, decidimos meternos en la segunda vía.

El primer largo era prácticamente un tramite, pero el largo de 6a siguiente nos pareció de lo más difícil del día. Seguros expansivos antiquísimos, en mal estado y alejados. Por si fuer poco pasos obligados de lo que nos llegó a parecer 6b+. Y no, no nos embarcamos.
El siguiente 6c+ estaba bien puesto, y al escalar los últimos dos largos comprendimos de la buena fama de esta vía. Nos parecieron buenísimos en cuanto a calidad de roca, movimientos y continuidad. Una pasada.

El viento estuvo rebelde durante todo el día y nos obligó a tomar las debidas precauciones durante el rapel.

El día llegaba a su fin, pero antes de que este terminase pusimos rumbo al siguiente objetivo, “El Peñón del Divino”, ubicado en la ya pasada de moda, escuela de Sella.

*Día 24 de Noviembre del 2019:

No era casualidad que una vez más fuésemos a una pared en la que ninguno de nosotros había escalado antes. Pero la razón principal por la que quisimos invertir en este lugar nuestro segundo y último día del viaje fue descubrir en la guía, una magnética vía de fisura de 4 largos, 3 de los cuales séptimo de auto protección, y a cuyo aperturista inglés le precede una fama de intrépido y alocado escalador. Esta vía se llama "Fisura Edwars 150m, 7a+"

En esta ocasión decidimos despertarnos algo más pronto, ya que tenemos el viaje de vuelta a Madrid después de escalar.
En el desayuno
Fisura Edwars (vía5)
 Con la escasa información que tenemos en nuestra guía de Costa Blanca y tras alguna que otra embarcada, llegamos a pié de vía después de algo más de hora y media.

Esta vez la suerte decide que empiece yo a escalar. Al principio se deja escalar y puedo alejar considerablemente los seguros y el frío en las manos no es demasiado incomveniente. Pero pronto se pone más seria la cosa. Escalada era técnica y transcurría por fisura fina con pasos obligados sobre seguros flotantes. 
En ocasiones destrepo algunas secuencias hasta tenerlo claro, pues no quiero caerme. Este primer largo me pilla con el cuerpo y la mente en frío, además me parece expuesto y tengo que exigirme firmeza y decisión.

En los 50 metros de largo tuve tiempo para recrearme, conecté con todo tipo de emociones, algunas contradictorias como suele pasar. La cuestión es conseguir que tu voluntad prevalezca sobre las incertidumbres generadas por el reto al que te enfrentas. Si esto resultase fácil nos dedicaríamos a otra cosa. No se trata de la escalada, si no de la lucha, la oportunidad de encararnos al miedo es lo que mantiene viva la llama de nuestro fanatismo. 

Mientras tanto, Rafa mas abajo se quedaba frío con las rachas del viento mientras me aseguraba. En la segunda parte del largo moría la fisura, y la escalada pasó a convertirse en una placa vertical con agarres pequeños pero bien protegida con chapas. Por fin llegué a la reunión. Y pese a lo que ponía en la criticada guía de Costablanca, a mí me pareció un 7a+ como una casa. Rafa de segundo encadenó los 50 metros con soltura.



El siguiente largo tampoco nos dejó indiferentes. Rafa tuvo que currárselo también. Misma tónica de pasos obligados, solo que esta vez protegido de piezas pequeñas, sobretodo fisureros para los pasos más delicados, y alguna chapa para los tramos de placa. 
El punto a favor era que ya teníamos el suelo lejos y no nos estamparíamos con nada en el caso de tener una caída larga. Otro largo mantenido y de excelente calidad que también apretaba para 7a.


Rafa Gómez y Javi Guzmán en Fisura Edwars 7a+, Peñón de Divino
Relevo a Rafa para hacer el tercer largo. Este 7a ya era menos exigente que los anteriores y lo pudimos disfrutar.


Y por último, Rafa se dio el cuarto largo de casi 60 metros hasta la cumbre.



Pudimos bajar andando y sin necesidad de rapelar por la vaguada que se forma en mitad de la pared.
Ya que era un muro tan corto habíamos pensado en hacer alguna vía más, pero nos vimos sorprendidos por la intensidad de la Fisura Edwars y tuvimos que ir mucho más lentos de lo que esperábamos, a parte del frío que a este ritmo habíamos pasado. De modo que lo dimos por suficiente y nos volvimos para Madrid. Eso sí, con el descubrimiento de dos lugares fantásticos en los que nos quedaron muchas ganas de volver.

martes, 29 de octubre de 2019

Los 14 octavos, una temporada excepcional

Tras un par de años de incesantes viajes y actividades dispersas por el mundo, me apeteció disfrutar más de lo que tengo en frente de casa, y más en concreto, me entró el gusanillo por explorar mi límite en el peculiar estilo de escalada que ofrece La Pedriza.
Me veo motorizado por una incontrolable motivación que viaja mucho más allá del simple deseo por conquistar pequeños muros de apariencia inaccesible. Pues se me antojan sueños en forma de grandes e imposibles paredes de granito.
Por suerte, hace tiempo aprendí que lo difícil se hace, y lo imposible se intenta, hasta que pasa simplemente a convertirse en algo difícil, y por tanto realizable. Eso sí, a precio de esfuerzo y constancia.
En otras palabras: la idea de adquirir un alto nivel en escalada para luego transferirlo a las grandes montañas es lo que me proporciona el auténtico empuje.
Hace ya tiempo que observaba con un respeto casi intimidante muchas de las vías más difíciles de La Pedriza, y consideré que ya iba siendo hora de mirar todas estas vías más bien desde arriba. Este es mi deseo aquí.
……….

La difícil ecuación de encontrar buenas condiciones

Aquí en La Pedriza, es preciso disponer de unas condiciones lo más perfectas posibles a la hora de proyectarse en escalar una vía dura con pretensiones de encadenar. Por eso es importante tener claro el objetivo, e ir a por él sin titubear cuando se abren estas ventanas de atípicas condiciones.
Supuestamente, como mejor se agarra la goma del pié de gato al granito, es a una temperatura de entre 0 y 5ºC. Esto se puede dar fácilmente en una cara norte a la que no le toca el sol. Pero por desgracia, la mayoría de las vías de la pedriza se encuentran ubicadas en orientaciones sur, lo que hace aún más difícil encontrar las condiciones de estas vías, porque además, se convierten en algo imprescindible los días nublados a la hora de escalar en estos muros.
Lo malo es que las nubes cargan con potenciales lluvias, y si llueve, la pared se convierte en una pista de patinaje. A esto aún abría que añadirle que una humedad en el ambiente relativamente alta, actúa en contra de la adherencia de la goma del pie de gato y de la piel de los dedos de las manos.
Cuando consigues todas estas condiciones ya sólo quedaría meterse en la vía, memorizar los movimientos (por lo general de pies, cuyas presas no se diferencian fácilmente del resto de la pared), vencer la barrera técnica de la vía, luego la física, y finalmente la mental.
Por lo general, aquí se escalada de una manera precaria, sobre equilibrios que a veces casi parecen desafiar las leyes de la física, con apoyos ridículos para las manos, aguantando un incesante ardor en los gemelos de las piernas que va in crescendo, y a esto sumándole la tensión que originan las pocas ganas de sufrir una caída por distintos motivos; los vuelos habitualmente son largos y generalmente no demasiado limpios, ya que los pasos difíciles suelen ser obligados (con el seguro bajo los pies), y habitualmente las chapas además suelen estar lejos. Eso sin hablar del peso psicológico que supone tener que volver a pasar por secuencias de escalada que ya habías conseguido ejecutar con tanto esfuerzo.
Muchas de las veces haces movimientos en los que la certeza no se manifiesta, pues es imposible saber al 100% o incluso al 50% si resbalarás o no. Esta incertidumbre no se da fácilmente en otros tipos de escalada, con lo cual, para lograr un encadenamiento, aquí, te enfrentas a una batalla más de lo normal. Por eso le llaman la escalada de “fé”. Creer en ti y apostarlo todo porque cada paso te saldrá perfecto, es inherente a este estilo de escalada y forma parte de la técnica mental que se necesaria.
Sólo si has escalado vías de adherencia en La Pedriza, puedes comprender que alguien con un gran nivel (como de 8c), pueda caerse en una vía que a priori debería poder hacer con los ojos vendados y una mano atada a la espalda (como un 6a). Que ocurra esto en otros estilos de escalada sería algo impensable a la par que casi imposible. Sin embargo, aquí en La Pedriza, es algo bastante frecuente. Es un tipo de escalada que puede hacer sentir incómodo al escalador más experto, además de ser extremadamente incompatible con el ego en grandes dosis. Hay que estar preparado para la frustración, el desengaño y para mostrar una actitud de aprendizaje desde los niveles más básicos. Con lo cual sobran motivos para llegar a la conclusión de por qué la adherencia pedricera no se pone de moda, como pasa es muchos lugares, pese a su grandísima calidad y variedad.
……..

*Diciembre:
Como en todo, lo más difícil es empezar.
Para mi primer octavo de la temporada pedricera 2018-19, elegí la vía “Alexia de Galaxia”. Un estético y delicado espolón romo ubicado en el margen izquierdo del risco de la peseta. Esta joya, equipada por Talo, aún no contaba con nadie que la hubiese escalado en sus dos versiones. Ya que aunque la vía hubiera sido equipada en su origen para escalarse por el lado izquierdo, se habían encontrado secuencias para poder hacerla de una manera más sencilla (versión 7c+), montándose por la placa de la derecha y volviendo a la línea un par de veces consecutivas. Así es como casi todo el mundo que ha encadenado esta vía la tiene hecha. Sin embargo, por las durezas que conlleva escalarla únicamente por el filo, solamente habían pasado unas tres personas, proponiendo grados de hasta 8b. El mismo equipador de la línea no pudo hacerse con esta versión.
Yo hace años la había hecho en su versión fácil, y me quedó pendiente volver a por la dura. De modo que para allá que fui.
En el primer pegue que le di, me costó horrores llegar a la reunión, y hubieron secuencias que ni siquiera pude sacar. Aquel día me fui a casa con la sensación de haberme aventurado en un proyecto por encima de mis posibilidades. Sin embargo la belleza de esta vía me resultó magnética, y volví a los dos días. Aquella segunda vez, ya pude sacar todos los pasos de una manera más sólida e incluso la hice con una caída.
Si la escalaba demasiado temprano, la humedad del rocío de por la mañana le afectaba malamente a la roca, pero sin embargo, pasadas las 12:30 del mediodía aproximadamente, el calor hacía que la vía perdiera el tacto y comenzaba a patinar por todos lados.
Tuvo que ser bajo el aseguramiento de mi amigo Raúl, al cuarto día y noveno pegue en total cuando ya, con todas las secuencias meticulosamente descifradas al dedillo y a sabiendas de los horarios óptimos para escalar la vía,  cuando pude hacerme con ella. Me pareció sin lugar a dudas un buen 8b. La fé en los pies había sido recuperada.
Javi Guzmán en "Alexia de Galaxia 8b"
Javi Guzmán en "Alexia de Galaxia 8b"

Lograr la primera vía dura de la temporada inevitablemente me motivó para ir a por la siguiente.
Quise ganar más referencias de manera inmediata para poder graduar con buen criterio la “Alexia de Galaxia” y aproveché el primer día que dieron nublado para ir con Rubén al sector Torabora a por la vía “Hermanos Malasombra 8b”. Una placa de 25 metros con una entrada muy vertical de micro regletas netas para seguir por un muro más tumbado y delicado de pies, que transcurre en su último tercio por una sección más sencilla pero con alejes de hasta 4 metros.
 Años atrás, me había metido en tope en esta vía y me fui con la sensación de necesitar varias vidas para poder hacerla.
 Pese a que no hacían las mejores condiciones de temperatura y humedad, en un par de pegues la pude descifrar bastante bien y sentir un franco optimismo en cuanto a encadenar esta vía en muy pocos pegues.
A los dos días volví, la monté y le di un pegue muy bueno con una caída. Al siguiente pegue y con el aseguramiento de Angelete me la llevé, (5 pegues en total).
Sentí que mi límite aún se podía empujar bastante mñas. Me vi muy cómodo encadenando, mucho mejor incluso que en la Alexia de Galaxia.

Javi Guzmán en "Los Hermanos Malasombra 8b"
Fui a por la siguiente:
“Kan Kongo directa 8a+” Una de las vías peor equipadas de la pedriza. Entra común con Inuit, y luego transcurre por un par de desplomes con una sección a bloque en cada uno de estos. Chapar el quinto seguro da miedo, tiene un aleje absurdo en mitad de un paso y con una caída que podría empotrarte bajo el primer desplome, jugándote un buen golpe entre las tibias y la cabeza. Por suerte la hice al tercer pegue y no llegué a comprobar esa caída.
Javi Guzmán en "Kan Kongo directa 8a+"
*Enero:
Y como dicen que en la variedad está la diversión, también subí andando una horita hasta en tres ocasiones para hacerme en 8 pegues con la “Pa lolos 8a”.
La exigencia de esta vía no reside únicamente en el grado, pues pertenece a la sombría cara norte del Castillo, que se encuentra a unos 1500 metros de altitud, y exige escalar bien abrigado, soportando el gélido viento del invierno y  apenas sintiendo las yemas de los dedos. Apartada de las vías comerciales, está completa línea la podríamos desfragmentar en: tres tercios de escalada de continuidad desplomada y de canto, sobre un grado cercano al 7b+, con un final a bloque, explosivo, de fuerza y precisión, que eleva la dificultad a 8a duro.
Javi Guzmán en "Pa Lolos 8a"
Si sale un día nublado, se debe ir religiosamente a cara sur, que pocas oportunidades salen.
Esta vez fijo el objetivo en el conocido risco del Reloj, con la vía “Sambarilux 8a+”.
Por suerte, aquel día estaba con compañeros que me pudieron contar un poco de qué manera hacían ellos las secuencias duras.
Al probarla, me sorprendió lo física que era esta vía pese a que fuera un muro vertical. Mezclando a su vez un estilo de regletas pequeñas y muy pequeñas aunque netas, con una precisión milimétrica de pies. Esta vía de continuidad, con las primeras cuatro chapas muy duras, hizo que me exprimiera al máximo para poder encadenarla en el día. Bien será uno de los tres mejores 8a+ de La Pedriza, sin duda.
Después del largo pegue de reconocimiento y haber caído varias veces tras pasar encadenando casi todo lo duro, me había reventado 4 yemas, y tenía los dedos ensangrentados y sin piel. Pero ahí estaba la vía, con las cintas puestas, los movimientos perfectamente asimilados en el cuerpo e introducidos en la cabeza, y con las condiciones perfectas. No sabía cuándo volvería a presentarse la oportunidad de otro día nublado en el que pudiese subir aquí. Si me iba sin encadenar, al menos que no fuese por no haber agotado hasta el último de los cartuchos.
Llegaba el final del día, y ya estaba tan cansado y ensangrentado, que cuando Sergio me vio vendándome los dedos para darle un último pegue, no daba crédito. -Si la encadenas ahora te hago un busto de bronce. (me dijo) –Ve encargándolo. (respondí).
Y viendo venir que pasaría lo inevitable, lo más improbable se convirtió en la realidad. Encadené. No por ser buen escalador, ni por ser súper técnico, ni estar muy fuerte. Si no por ser constante, luchador, y por no dejarme sumergir en la fácil idea de abandonar. Eso hubiera sido demasiado cómodo. A veces, luchar aún sin opciones es justo lo que marca la diferencia.
Javi Guzmán en "Sambarilux 8a+"
*Febrero:
Hasta que me propongo el siguiente proyecto pasa un tiempo. Pues entre curro, viajes y concentraciones con el Equipo Nacional, he andado por el levante, Freissinieres (Alpes franceses) escalando en hielo y esquiando, Montsant (Cataluña) haciendo escalada de auto protección, etc.

Ya de vuelta en casa, Aitor Bárez me propone batir el actual record de octavos por temporada en La Pedriza, que tras preguntar a los colegas y entendidos, parece que es de Josete Rodríguez y hasta donde sabemos se encuentra en 10 vías de octavo en total. 
Me parece una buena iniciativa a nivel personal para obligarme a encadenar máximo número de vías de dificultad en un periodo de tiempo relativamente corto.
No solo me interesa hacer vías exigentes, además me gustaría hacerlas lo más variadas posibles. De modo que, como vía exótica se me ocurrió la “Barbosa CracK 8a+” del muro del Pirata. Una curiosa y estética vía que comienza por una fisura roma para luego salir por un canalizo que premia la técnica.
En el primer pegue que le di a vista, resbalé llegando a la cuarta chapa y la caída me llevó a parar al tronco cortado del árbol que se encuentra detrás. Me pegué un buen golpe en el coxis y mi compañero Angelete se asustó bastante. Aun así, no me hice demasiado daño. Me remonté por la cuerda y terminé de mirarme la vía. En los pegues siguientes, pasaba por la sección de la cuarta chapa con un poco de pánico hasta que chapaba el seguro que me quitaba la posible caída al árbol.
La fisura es cóncava y precisa de guantes de fisura y buen tejemaneje de pies para no dejar demasiada carga en los empotramientos, pues podrían escurrir sin previo aviso (como me pasó en el pegue a vista). Lo más duro está en pasarse al amplio canalizo mediante un paso a bloque, y aguantar una serie de movimientos técnicos y mantenidos hasta la cadena. Al final esta vía me llevó 7 pegues.
Javi Guzmán en "Barbosa Crack 8a+"
*Marzo:
Tras 10 días haciendo alpinismo en pirineos, estaba motivado para ir a por la 7ª vía.
Este día, todo fue muy extraño. Cambiamos los planes a última hora porque de repente, ya en el parking de Cantocochino, se nubló el cielo y decidimos aprovechar para ir al Hueso y darle a la “Artherencia 8b”. Llevaban tiempo insistiéndome para que hiciera esta vía. Incluso la puede probar en una ocasión con malas condiciones.
Mientras nos preparábamos para salir, me encontré en el parking con el fotógrafo que llevaba tiempo intentando quedar, y que precisamente había pensado varias veces en llamarle cuando fuera a escalar al hueso. Le pregunté que a dónde tenía pensado ir, y me contestó que a echar fotos al hueso. En aquel momento me dieron la vuelta los ojos y lo sentí como una señal, ¡hoy es el día!
Fuimos para allá. Y tras matizar la vía y fijarle la cuerda al fotógrafo, se puso a llover. No con fuerza, pero sí casi como hacerme perder la ilusión.
Ya que estábamos allí, y el fotógrafo se encontraba colgado de la cuerda a unos 20 metros, me metí en la vía para quitarme de encima el tema de las fotos.
Qué sorpresa me llevé cuando pese a la llovizna, únicamente me caigo una vez… Me quedo pensativo en la reunión y le digo a Violeta, que me aseguraba: -¿Debería ser responsable y darle otro pegue verdad? -¡Claroo!, me contestó ella. No me lo pensé más y le dije que me bajara. Al rato, ya descansado, pero con un constante chispeo, me ato a la cuerda, me quito el chubasquero, y me dispongo a hacer lo imposible. Desde aquí puedo ver al mismísimo Rana metido en un 7b+ del Gálvez. Estaba blasfemando por la lluvia y desmontando la vía ante la imposibilidad de escalar con estas condiciones. Yo, sin embargo no me dejo influir y digo: -Lo que tenga que ser será. Si me caigo no será por no haberlo dado todo.
Comencé a escalar la multicolor placa de continuidad. Cuando llego a lo duro, siento como el pie más precario de la vía se queda inmóvil, y paso desapercibido por la precaria sección de la quinta y sesta chapa. Noto humedad en las manos, pero tal y como me había prometido voy fiándome al 100% de los pies que elijo. Me sorprendo de estar pasando por ahí sin resbalones. Abajo, Violeta se tiene que quitar las gafas de asegurar porque se le llenan de agua y no puede verme bien. Cerca de la cadena voy apretando con todas mis fuerzas hasta la más mínima de las regletas para prevenir el resbalón de un pie. Hago un esfuerzo por mantener a ralla las pulsaciones en los últimos movimientos, a sabiendas de que nunca que puede dar nada por encadenado hasta que has chapado la reunión, y menos en una placa de adherencia.
Increíble pero cierto. No lo concebía. En un total de 6 pegues me había hecho con esta mítica, mágica, y admirada vía de cuento de hadas. Una prueba más de que con el poder de nuestra actitud podemos lograr cosas increíbles y contra todo pronóstico.
Javi Guzmán en "Artherencia 8b"
*Abril:
Y por qué no meternos en la segunda placa más dura de la pedriza. Nada se pierde por probar. De hecho, todavía no se me ha resistido ninguna vía de las que haya probado aquí.
Pues vamos de nuevo a la Peseta. Esta vez a por la “Inuit 8b+”. Una vía cuyas 4 primeras chapas son un auténtico infierno que exige flexibilidad, decisión, velocidad, coordinación, precisión nanométrica, fuerza… y todo eso en las 4 primeras chapas. La mayoría de los pies son medio decentes el primer segundo, a partir de ahí se te empiezan a hacer malos, y al pasar la frontera de los dos segundos, el pie caduca la mayoría de las veces. Para la segunda parte, lo que la vía requiere es de sangre fría y calma. Ya solo será 7b, pero los nervios juegan en tu contra.
El primer día que me meto en ella, me voy a casa sin haber podido enlazar ni dos movimientos seguidos. Me parece una brutalidad, y de no ser porque me he visto muchas veces en la misma situación y me tengo más que demostrado que con todo se puede, habría pasado a hacer otra cosa.
El segundo día, ya consigo ir de chapa en chapa. Aunque fuera con varias caídas, pero sintiendo que me quedo un poco mejor en cada pie. El tercer día consigo hacerla con un par de caídas hasta la reunión. Y el cuarto día, tras hacerme dedales de esparadrapo en cuatro yemas reventadas y sangrantes a causa de apretar tantas veces los insignificantes cantitos, caerme con la cuerda en la mano chapando la cuarta por un fallo que me dejó a medio metro en el suelo, y con el estrés de ver cómo se iba mi última oportunidad porque empezaban a subir las temperaturas a partir del día siguiente; conseguí concentrar todas mis capacidades y convertirme por cinco minutos en mi mejor versión. Dando uno de los mejores pegues que he dado nunca a una vía. 15 pegues fueron en total los que hicieron falta para transformarme en el escalador que necesitaba ser para lograr encadenar esta vía.
Javi Guzmán en "Inuit 8b+"
En los siguientes meses de abril, mayo y junio pude seguir engrosando la lista con hasta 14 octavos:

“Saratoga 8a”en la Muralla Kumbaya
Javi Guzmán en "Saratoga 8a"

“Kan Kongo II 8a+” en la Peseta(concluyendo el último octavo que me quedaba en el risco y convirtiéndome en el primer encadenador de todos los octavos de La Peseta)
Javi Guzmán y Rafa Gómez haciendo doblete en "Kan Kongo II 8a+"

Ya se acercaba una época más calurosa, y jugaba a contra reloj para poder rascar mis últimas tentativas antes de que las pocas condiciones que iban quedando desaparecieran del todo.
No me quedó más remedio que recurrir a cotas más altas, orientaciones norte, y a una de las zonas más frescas de la pedriza, (La Raja).
“Orquídea Salbaje 8a” en el Reloj 

“Edad de Pierda 8a+” en la quinta Buitrera 
Javi Guzmán en "Edad de Piedra 8a+"
“Sombra de oro 8a/+” en La Raja 

y “Pollitas Felices 8a” en La Raja 
Javi Guzmán en "Pollitas Felices 8a+"
Cada vía tenía su propio carácter, y por consecuencia, me veía en una particular lucha de la que salía con nuevas lecciones aprendidas y más conocimiento. Solo una vez aprendido todo lo que la vía tiene que enseñarte es cuando eres apto para encadenar. Entonces es cuando vas en busca de nuevas lecciones a nuevos proyectos. Es así como yo veo la escalada.
Digamos que la entrega de la suela de oro por la Orden Del Tumbao, podría marcar el final de la temporada.
La celebración tuvo lugar en Junio, y asistí invitado como nominado al prestigioso reconocimiento por la temporada.
El evento concluyó con Carlos Ruano como ganador de la suela de oro por encadenar un noveno de 5 chapas y un boulder de 8c en La Pedriza. Para mí quedó en segundo premio (la suela de plata) por mis 14 octavos encadenados en esta escuela.
Fue un acto muy divertido y me fui muy agradecido a casa por todas las molestias que se tomó la ODT.
Carlos Ruano y Javi Guzmán en la entrega de las suelas de Oro y Plata de la ODT 2019

Al final la escalada es un juego. Cada uno participa en la medida que le apetece y con las reglas que se quiere imponer. En mi caso, me propuse el juego que aquí he redactado, y me divertí mucho con ello, a parte de todos los momentos que pasé con buenos amigos y de todas las emociones que se guardaron en mi interior. Esto es lo que verdaderamente más importante me parece.

Listado de los 14 Octavos:
  1. Alexia de Galaxia directa (8b) Risco de la Peseta (12-12-2018)
  2. Hermanos Malasombra (8b), Risco Tora Bora (21-12 -2018)
  3. Kan Kongo directa (8a+), Risco de la Peseta (28-12-2018)
  4. Pa lolos (8a), El Castillo (9-1-2019)
  5. Sambarilux (8a+), Risco del Reloj (18-1-2019)
  6. Barbosa Crack (8a+), Muro del Pirata (16-2-2019)
  7. Artherencia (8b), El Hueso (31-3-2019)
  8. “Inuit” (8b+), Risco de la Peseta (13-4-2019)
  9. “Saratoga” (8a) Muralla del Kumbaya (21-4-2019)
  10. “Kan Kongo II (8a+), La Peseta (26-4-2019)
  11. “Orquídea Salvaje” (8a), Peña del Reloj (8-5-2019)
  12. “Edad de Pierda” (8a+), Quinta Buitrera (10-5-2019)
  13. “Sombra de oro” (8a/+), La Raja (29-5-2019)
  14. “Pollitas Felices” (8a), La Raja (7-6-2019)

martes, 27 de agosto de 2019

Directísima a la Oeste del Naranjo 500m, 7b

*5 de Julio del 2019:

Como todos los años desde hace cuatro, en el caluroso mes de Julio aprovecho para mudarme a Asturias y currar guiando en el Naranjo de Bulnes. Es una época fantástica para trabajar de guía , pues el clima aquí es bastante confortable cuando en el resto de España se están cociendo, y es en Julio cuando la gente tiene las vacaciones de verano y puede destinar buena parte de su tiempo al ocio y al turismo activo. Entonces es cuando yo aprovecho.
Pero no va a ser todo currar, de hecho, yo trabajo lo imprescindible para tener lo necesario, pero nada más, ya que siempre he considerado que malvender más tiempo de la cuenta es una profunda falta de respeto a la vida. De modo que unos días antes emprendo un viaje de pretemporada para escalar por mi cuenta.
En esta ocasión tengo la suerte y el lujo de poder aventurarme con mi amigo Luisra. Antiguo compañero de la formación de técnico deportivo de escalada, donde le conocí. Por aquel entonces yo acababa de cumplir 18 años, y él era para mí todo un referente, un fuertísimo escalador, con un nivel de escalada que para aquel momento me quedaba muy lejos, además de ser un tío muy rodado, y sobre todo una persona humilde y cercana.
No costó demasiado fijar Asturias como destino, pues tienes diferentes estilos de escalada a elegir, además de las montañas y el mar, todo en el mismo pack.
Después de escalar un par de días por la Hermida, decidimos ir a por alguna vía que no tuviésemos hecha en la Oeste del Naranjo. Y “La Directísima 500m, 7b” nos llama la atención. Para ello descansamos un día con la intención de recuperar fuerzas pero sobre todo la piel.
A las 04:15am suena la alarma en el móvil. Nos despertamos dentro de la tienda, al lado del coche, en frente del Fresnidiello.

Plegamos la tienda, desayunamos algo, y vamos con el coche hasta Pandébano. Cargamos la mochila ligera ya preparada la noche de antes, encendemos las frontales y comenzamos la marcha a las 05:00 aproximadamente.
Hemos optado por tirar en un estilo rápido y ligero para realizar la actividad en el día, lo que supondrá una paliza, pero a cambio no cargaremos a penas peso y tendremos una anécdota para recordar. El truco para que una actividad quede guardada en la memoria y en el alma es meterle una considerable intensidad. En otras palabras: “sufrirla”, y así es como consigues que ese día sea de los que suman.
A las 7 y pico llegamos al Regufio, y ya con el apetito más abierto es el momento de desayunar.

No nos preocupa que se nos pueda meter una cordada delante en la vía, sería raro que esto pasara, La Directísima no se encuentra entre las más repetidas de la cara Oeste.
Ya en la última etapa de aproximación, escondemos entre unas rocas la mochila con todo lo que no vamos a necesitar en la pared.
Pasadas las 8:00 estamos llegando al pié de vía, cuando una voz proveniente de arriba grita mi nombre. Levanto la cabeza y era Nano quien saludaba, acompañado de Alan, que estaban en la vía “soy un hombre nuevo” e iban muy rápido. Estos dos son guías locales, buenos conocedores de picos, y grandes personas.
Nos entusiasmamos al vernos y cada cordada vuelve a su faena.
Yo le pregunto a Luisra: -¿Alguna preferencia?, -Me da igual, la verdad…,-¡Vale, pues entonces empiezo yo!
Me ato a las cuerdas y comenzamos el baile.El principio del primer largo transcurría por un diedro completamente de auto protección con algún pasito que iba ayudando a entrar en calor. En la parte de arriba, había que superar un bombo para luego terminar por unos pasos en placa difíciles de leer y aún más de escalar. Ambos pudimos encadenar el “largo de calentar”.

El segundo largo se lo da Luisra. Este largo es una burilada de anclajes semi expansivos  que no se han restaurado desde la misma apertura la vía. En cada metro y medio hay un anclaje de estos. La razón de que haya tantísimos en esta primera parte de la vía es porque fue abierta en artificial, pero con muy poco arte, dejando la roca excesivamente perforada.
Hoy día, hay quienes hacen esta vía en libre (como nosotros), lo malo es que al meter una ristra de seguros fijos de tal descabellada manera, estos muchas veces quedan muy a desmano para protegerse, y no solo hace que te veas obligado a saltarte más de la mitad, si no que haya que ir intuyendo el sinuoso trazado de los movimientos en libre, incrementando así exponencialmente la dificultad para hacer una escalada efectiva a vista.
En este segundo largo varias veces veo a Luisra deshaciendo movimientos y rehaciéndolos por otro lado. Hay a veces en las que la apuesta que haces por ir hacia el buen camino es ciega, y puede que hayas acertado o puede que te estés comiendo pasos más duros de los que corresponden.
Con buena resolutividad y aparente facilidad, mi compañero se hace con el largo. Bajo sus consejos lo escalo de segundo, y en algún momento me veo al límite de la caída, y a duras penas consigo resolver las secuencias y llego con una buena inflada de brazos a la reunión.
Javi Guzmán escalando "La Directísima 500m, 7b" en la Oeste del Naranjo

Hace fresco, los dedos se entumecen y escalamos con toda la ropa puesta. Tenemos un cortavientos que nos turnamos para el que asegura.
Con el cansancio acumulado comienzo el tercer largo. Ya de entrada tengo que saltarme unos cuantos seguros por obligación, y aunque tan cerca de la reunión no me hace mucha gracia lo acepto.
Pronto empiezo a darme lo que me parecen pasos muy duros a bloque. En la mitad de estos movimientos pienso que el siguiente paso será el último, pero lo que es seguro es que si me caigo no sería por rendirme. Con los brazos al rojo vivo me quedo en un incomodo reposo de dos regletas malas. Durante unos minutos trato de convencerme de que estoy reposando mientras procuro descifrar la siguiente secuencia. El último clavo que tengo chapado está algo más de un par de metros a mi izquierda y unos tres más abajo. Salgo con el cuchillo entre los dientes para arriba, pero mis manos no quieren cerrarse y no me tengo del canto  por el que he apostado, así que grito mientras disfruto del vuelo. La cuerda me para de manera suave. Aprovecho el estar colgado para descansar un poco, y cuando me remonto por las cuerdas para intentarlo de nuevo, descubro un buen agarre que me hubiera salvado. En fín… la aventura de ir a vista. Desde allí llego a la reunión sin problemas. El largo me ha parecido que ya podría ser un 7b+ bien cabrón. Luisra sube de segundo, y en cuanto comienzan las dificultades y se cae una vez, sube acerando los pasos más duros sin pensárselo mucho.

Disfrutamos de los dos siguientes sextos hasta llegar a la mitad de la pared, donde la Rabada Navarro cruza muchas de las vías.


Luisra comienza con el siguiente 6b+/c. Un largo precioso, con unos primeros metros más atléticos que el resto. Cuando lleva unos 40 metros vemos que a nuestra izquierda están rapelando Nano y Alan. Nano desde lejos le dice a Luisra que se ha pasado la reunión y que ya tiene que tirar para arriba. El cordino auxiliar que lleva en el arnés para izar más tarde el petate se está acabando  y lo desato antes de que la carga pase a Luisra. Le grito para que ponga un tibloc en la cuerda y asegurar la salida en ensamble, pero Luisra no encuentra donde meter una sola protección y tiene que apoquinar con 15 metros sin meter nada. Yo me cargo el petate en la espalda y me preparo psicológicamente para salir escalando en ensamble no asegurado, en un largo a vista y con el lastre que me supone el petate tirándome de los hombros hacia atrás. Me da por pensar que voy a vivir un momento de tensión de los que se recuerdan. Y pienso: al fin y al cabo, a lo que vengo a la montaña es a buscar el mejor escenario posible para las aventuras y escribir la historia de mi vida, con el objetivo de generar recuerdos que enriquezcan el cuento que podré leer cuando sea mayor... Mientras a Luisra le estallaba la cabeza por lo que estaba a punto de pasar, yo trataba de tomármelo con filosofía. Las cuerdas se acaban y me tengo que soltar el cabo de anclaje, y me digo a mi mismo: no des un paso en falso, escalda sólido y seguro. Pongo el primer pié en alto y de repente suena una aliviada voz arriba: -Reuniooonn!!!, a lo que yo respondo: -Yujuuu…!
Con el petate en la espalda pero ya tranquilo de no tener que escalar en simultáneo, disfruto del largo. (vaya minutos malos que hemos pasado)
El resto de la vía ya es más ameno. Más sencillo de escalar y con una impresionante roca sólida en la parte de arriba, que permite alejar más los seguros y escalar más rápido para ganarle a la vía el tiempo perdido por haber forzado en libre los largos difíciles.
Tras 11 horas de escalada llegamos a la cumbre. Me siento envuelto en un paisaje ya familiar. Se pueden contar en un número aproximado a 50 las veces que he estado contemplando el mundo desde aquí arriba. Pero cada una de estas veces ha sido única y distinta. Ahí reside la magia de la montaña.


Destrepamos más de 200 metros hacia la cara sur, hacemos un par de rápeles, plegamos las cuerdas y nos ponemos con la bajada. Nuestra motivación por llegar a Sotres lo antes posible reside en la cena. Según la hora que era, ya por el canal de la Celada hago un cálculo del camino que nos quedaba y lo que tardaríamos el bajar. Como estoy acostumbrado a bajar con prisas le propongo a Luisra que me dé su cuerda y baje directo al coche. Yo subiría al refugio, buscaría la mochila, y más tarde le adelantaría bajando (vacilaba). Luisra me dijo que todo lo que iba a verle sería su matricula por detrás. (jajaja)
Cuando ya tenía todo preparado y estaba listo para bajar, le había dado unos 15 minutos de ventaja a Luisra , y eran las 21:20, y a las 22:00 suelen cerrar todas las cocinas de los bares en estas zonas. Sonaba a imposible poder llegar a tiempo, pero más imposible aún era que el motivo de no llegar fuese por no intentarlo. Me alargo los bastones y comienzo a bajar quitando pegatinas como nunca. Pasados los 35 minutos adelanto a Luisra a 5 minutos del coche. Él se sorprende de que le hubiese pillado con todo el esfuerzo que había hecho para dejarme atrás, y me dice que después de verme tan lento en la pared ahora entiende por qué gano rallyes de escalada. Algún minuto pasado las diez estábamos arrancando el coche, y después de mirar en tres bares encuentramos uno en el que nos dan de comer. Después de 18 horas de actividad en el cuerpo agradecimos como no hemos agradecido nada nunca que por llegar 20 minutos tarde no nos dejaran sin cenar. Lo conseguimos…