martes, 27 de agosto de 2019

Directísima a la Oeste del Naranjo 500m, 7b

*5 de Julio del 2019:

Como todos los años desde hace cuatro, en el caluroso mes de Julio aprovecho para mudarme a Asturias y currar guiando en el Naranjo de Bulnes. Es una época fantástica para trabajar de guía , pues el clima aquí es bastante confortable cuando en el resto de España se están cociendo, y es en Julio cuando la gente tiene las vacaciones de verano y puede destinar buena parte de su tiempo al ocio y al turismo activo. Entonces es cuando yo aprovecho.
Pero no va a ser todo currar, de hecho, yo trabajo lo imprescindible para tener lo necesario, pero nada más, ya que siempre he considerado que malvender más tiempo de la cuenta es una profunda falta de respeto a la vida. De modo que unos días antes emprendo un viaje de pretemporada para escalar por mi cuenta.
En esta ocasión tengo la suerte y el lujo de poder aventurarme con mi amigo Luisra. Antiguo compañero de la formación de técnico deportivo de escalada, donde le conocí. Por aquel entonces yo acababa de cumplir 18 años, y él era para mí todo un referente, un fuertísimo escalador, con un nivel de escalada que para aquel momento me quedaba muy lejos, además de ser un tío muy rodado, y sobre todo una persona humilde y cercana.
No costó demasiado fijar Asturias como destino, pues tienes diferentes estilos de escalada a elegir, además de las montañas y el mar, todo en el mismo pack.
Después de escalar un par de días por la Hermida, decidimos ir a por alguna vía que no tuviésemos hecha en la Oeste del Naranjo. Y “La Directísima 500m, 7b” nos llama la atención. Para ello descansamos un día con la intención de recuperar fuerzas pero sobre todo la piel.
A las 04:15am suena la alarma en el móvil. Nos despertamos dentro de la tienda, al lado del coche, en frente del Fresnidiello.

Plegamos la tienda, desayunamos algo, y vamos con el coche hasta Pandébano. Cargamos la mochila ligera ya preparada la noche de antes, encendemos las frontales y comenzamos la marcha a las 05:00 aproximadamente.
Hemos optado por tirar en un estilo rápido y ligero para realizar la actividad en el día, lo que supondrá una paliza, pero a cambio no cargaremos a penas peso y tendremos una anécdota para recordar. El truco para que una actividad quede guardada en la memoria y en el alma es meterle una considerable intensidad. En otras palabras: “sufrirla”, y así es como consigues que ese día sea de los que suman.
A las 7 y pico llegamos al Regufio, y ya con el apetito más abierto es el momento de desayunar.

No nos preocupa que se nos pueda meter una cordada delante en la vía, sería raro que esto pasara, La Directísima no se encuentra entre las más repetidas de la cara Oeste.
Ya en la última etapa de aproximación, escondemos entre unas rocas la mochila con todo lo que no vamos a necesitar en la pared.
Pasadas las 8:00 estamos llegando al pié de vía, cuando una voz proveniente de arriba grita mi nombre. Levanto la cabeza y era Nano quien saludaba, acompañado de Alan, que estaban en la vía “soy un hombre nuevo” e iban muy rápido. Estos dos son guías locales, buenos conocedores de picos, y grandes personas.
Nos entusiasmamos al vernos y cada cordada vuelve a su faena.
Yo le pregunto a Luisra: -¿Alguna preferencia?, -Me da igual, la verdad…,-¡Vale, pues entonces empiezo yo!
Me ato a las cuerdas y comenzamos el baile.El principio del primer largo transcurría por un diedro completamente de auto protección con algún pasito que iba ayudando a entrar en calor. En la parte de arriba, había que superar un bombo para luego terminar por unos pasos en placa difíciles de leer y aún más de escalar. Ambos pudimos encadenar el “largo de calentar”.

El segundo largo se lo da Luisra. Este largo es una burilada de anclajes semi expansivos  que no se han restaurado desde la misma apertura la vía. En cada metro y medio hay un anclaje de estos. La razón de que haya tantísimos en esta primera parte de la vía es porque fue abierta en artificial, pero con muy poco arte, dejando la roca excesivamente perforada.
Hoy día, hay quienes hacen esta vía en libre (como nosotros), lo malo es que al meter una ristra de seguros fijos de tal descabellada manera, estos muchas veces quedan muy a desmano para protegerse, y no solo hace que te veas obligado a saltarte más de la mitad, si no que haya que ir intuyendo el sinuoso trazado de los movimientos en libre, incrementando así exponencialmente la dificultad para hacer una escalada efectiva a vista.
En este segundo largo varias veces veo a Luisra deshaciendo movimientos y rehaciéndolos por otro lado. Hay a veces en las que la apuesta que haces por ir hacia el buen camino es ciega, y puede que hayas acertado o puede que te estés comiendo pasos más duros de los que corresponden.
Con buena resolutividad y aparente facilidad, mi compañero se hace con el largo. Bajo sus consejos lo escalo de segundo, y en algún momento me veo al límite de la caída, y a duras penas consigo resolver las secuencias y llego con una buena inflada de brazos a la reunión.
Javi Guzmán escalando "La Directísima 500m, 7b" en la Oeste del Naranjo

Hace fresco, los dedos se entumecen y escalamos con toda la ropa puesta. Tenemos un cortavientos que nos turnamos para el que asegura.
Con el cansancio acumulado comienzo el tercer largo. Ya de entrada tengo que saltarme unos cuantos seguros por obligación, y aunque tan cerca de la reunión no me hace mucha gracia lo acepto.
Pronto empiezo a darme lo que me parecen pasos muy duros a bloque. En la mitad de estos movimientos pienso que el siguiente paso será el último, pero lo que es seguro es que si me caigo no sería por rendirme. Con los brazos al rojo vivo me quedo en un incomodo reposo de dos regletas malas. Durante unos minutos trato de convencerme de que estoy reposando mientras procuro descifrar la siguiente secuencia. El último clavo que tengo chapado está algo más de un par de metros a mi izquierda y unos tres más abajo. Salgo con el cuchillo entre los dientes para arriba, pero mis manos no quieren cerrarse y no me tengo del canto  por el que he apostado, así que grito mientras disfruto del vuelo. La cuerda me para de manera suave. Aprovecho el estar colgado para descansar un poco, y cuando me remonto por las cuerdas para intentarlo de nuevo, descubro un buen agarre que me hubiera salvado. En fín… la aventura de ir a vista. Desde allí llego a la reunión sin problemas. El largo me ha parecido que ya podría ser un 7b+ bien cabrón. Luisra sube de segundo, y en cuanto comienzan las dificultades y se cae una vez, sube acerando los pasos más duros sin pensárselo mucho.

Disfrutamos de los dos siguientes sextos hasta llegar a la mitad de la pared, donde la Rabada Navarro cruza muchas de las vías.


Luisra comienza con el siguiente 6b+/c. Un largo precioso, con unos primeros metros más atléticos que el resto. Cuando lleva unos 40 metros vemos que a nuestra izquierda están rapelando Nano y Alan. Nano desde lejos le dice a Luisra que se ha pasado la reunión y que ya tiene que tirar para arriba. El cordino auxiliar que lleva en el arnés para izar más tarde el petate se está acabando  y lo desato antes de que la carga pase a Luisra. Le grito para que ponga un tibloc en la cuerda y asegurar la salida en ensamble, pero Luisra no encuentra donde meter una sola protección y tiene que apoquinar con 15 metros sin meter nada. Yo me cargo el petate en la espalda y me preparo psicológicamente para salir escalando en ensamble no asegurado, en un largo a vista y con el lastre que me supone el petate tirándome de los hombros hacia atrás. Me da por pensar que voy a vivir un momento de tensión de los que se recuerdan. Y pienso: al fin y al cabo, a lo que vengo a la montaña es a buscar el mejor escenario posible para las aventuras y escribir la historia de mi vida, con el objetivo de generar recuerdos que enriquezcan el cuento que podré leer cuando sea mayor... Mientras a Luisra le estallaba la cabeza por lo que estaba a punto de pasar, yo trataba de tomármelo con filosofía. Las cuerdas se acaban y me tengo que soltar el cabo de anclaje, y me digo a mi mismo: no des un paso en falso, escalda sólido y seguro. Pongo el primer pié en alto y de repente suena una aliviada voz arriba: -Reuniooonn!!!, a lo que yo respondo: -Yujuuu…!
Con el petate en la espalda pero ya tranquilo de no tener que escalar en simultáneo, disfruto del largo. (vaya minutos malos que hemos pasado)
El resto de la vía ya es más ameno. Más sencillo de escalar y con una impresionante roca sólida en la parte de arriba, que permite alejar más los seguros y escalar más rápido para ganarle a la vía el tiempo perdido por haber forzado en libre los largos difíciles.
Tras 11 horas de escalada llegamos a la cumbre. Me siento envuelto en un paisaje ya familiar. Se pueden contar en un número aproximado a 50 las veces que he estado contemplando el mundo desde aquí arriba. Pero cada una de estas veces ha sido única y distinta. Ahí reside la magia de la montaña.


Destrepamos más de 200 metros hacia la cara sur, hacemos un par de rápeles, plegamos las cuerdas y nos ponemos con la bajada. Nuestra motivación por llegar a Sotres lo antes posible reside en la cena. Según la hora que era, ya por el canal de la Celada hago un cálculo del camino que nos quedaba y lo que tardaríamos el bajar. Como estoy acostumbrado a bajar con prisas le propongo a Luisra que me dé su cuerda y baje directo al coche. Yo subiría al refugio, buscaría la mochila, y más tarde le adelantaría bajando (vacilaba). Luisra me dijo que todo lo que iba a verle sería su matricula por detrás. (jajaja)
Cuando ya tenía todo preparado y estaba listo para bajar, le había dado unos 15 minutos de ventaja a Luisra , y eran las 21:20, y a las 22:00 suelen cerrar todas las cocinas de los bares en estas zonas. Sonaba a imposible poder llegar a tiempo, pero más imposible aún era que el motivo de no llegar fuese por no intentarlo. Me alargo los bastones y comienzo a bajar quitando pegatinas como nunca. Pasados los 35 minutos adelanto a Luisra a 5 minutos del coche. Él se sorprende de que le hubiese pillado con todo el esfuerzo que había hecho para dejarme atrás, y me dice que después de verme tan lento en la pared ahora entiende por qué gano rallyes de escalada. Algún minuto pasado las diez estábamos arrancando el coche, y después de mirar en tres bares encuentramos uno en el que nos dan de comer. Después de 18 horas de actividad en el cuerpo agradecimos como no hemos agradecido nada nunca que por llegar 20 minutos tarde no nos dejaran sin cenar. Lo conseguimos…

lunes, 11 de febrero de 2019

Oeste del Taillón Invernal 3144m


Comienza un nuevo año. Y como darle mejor inicio al 2019 si no es haciendo un viaje de aventura a pirineos con mi gran amigo Cristian.
Poco a poco nos hacemos mayores, pero la ilusión por vivir la aventura, por evadirnos del mundo, y por despreocuparnos durante unos días de todo aquello que no sea lo primitivo y lo esencial, sigue latiendo con fuerza desde lo más profundo de nuestras raíces.
Con Cristian empezó todo hace mucho tiempo. Una persona ejemplar en muchos aspectos importantes de la vida. Fue un importante pilar en mi formación como persona y escalador. De él aprendí grandes cosas, pero por encima de todas ellas, aprendí a luchar por causas imposibles, causas perdidas, objetivos inalcanzables y contra todo pronóstico. Sin quererlo, Cristian me aleccionó con su ejemplo y espíritu guerrero, al lograr superar situaciones muy complicadas a nivel personal y deportivo. Es el compañero de cordada más noble que puedas echarte a la cara.
Ahora mismo se encuentra encerrado en los estudios, opositando duramente para bombero. Lleva tres años a machete, lo que le ha hecho desconectar mucho de todo lo demás. Motivo por el que desgraciadamente no he podido compartir apenas aventuras con él en todo este tiempo. Es por eso que valoro como oro en paño todo el tiempo que podamos pasar juntos en la montaña.

…………………………..

*1 de Enero del 2019:

Después de horas de carretera conduciendo de noche, pasamos por delante de Torla. Nostálgico, me doy cuenta que la última vez que habíamos estado juntos en Pirineos fue con 16 años, ¡Hace 7 años! Cristian se sorprende tanto como yo. El tiempo pasa, y hay que aprovecharlo.
Sobre las 24:00 horas llegamos al parking de Bujaruelo. Nuestro coche era el único. Aparcamos y montamos la tienda de campaña. Preparamos los termos con té y café para el día siguiente, y nos acostamos tan pronto como podemos.
Pasamos una noche incómoda por el ruido que el viento provocaba en la tienda de campaña. Además, las fuertes rachas pegan justamente de mi lado, y la pared de la tienda me presiona el cuerpo desvelándome continuamente.

*2 de Enero del 2019:

A las 4:30 suena el despertador. Desayunamos, preparamos los macutos, y comenzamos a caminar tras la luz de las frontales.
Tras larga caminata de más de 3 horas sin descanso, divisamos las paredes norte y oeste el Taillón. Una larga rampa nos separa del comienzo de la goulotte. Observamos tres posibles rutas, y nos dirigimos a la central, parece la más difícil y divertida. Nos ponemos los crampones y tiramos hasta el inicio.

Como yo tengo más experiencia, me ofrezco para hacer el primer largo y la toma de contacto con el hielo. Cristian, desde un lugar seguro de impactos de hielo me asegura y comienzo a escalar. El hielo se encontraba en un estado espléndido y este primer tramo resultó ser más fácil de lo que me esperaba. Subí 60 metros corriendo y apenas asegurándome con un par de tornillos. Llegué a una reunión de clavos y recuperé cuerda.

Cuando llega Cristian, le ofrezco darme otro largo, ya que este siguiente era el más difícil de toda la vía. Me lo cedió sin problemas.
-Tío, ¿has escaldo en hielo alguna vez algo tan vertical como esto?, -Sí. (Me responde).
Desde Marzo, cuando fui a Canadá hacía que no escalaba hielo, y tuve una pequeña pelea con aquel largo, que resultó ser más apretado de lo que pintaba desde abajo.


Cuando le toca a Cristian escalar de segundo, tras un rato de lucha me pide que le tense fuerte las cuerdas. Cuando se ha escalada poco hielo, cuesta mucho gestionar la energía en un largo tan vertical, incluso haciéndolo de segundo. Cuando se junta conmigo en la reunión me dice que es el largo de hielo más difícil que ha escalada en su vida y que estaba flipando con lo cansado que tenía los brazos. No se lo esperaba. Yo le explico, que en el hielo, los largos siempre son mucho más difíciles de lo que parecen.

Él tira de primero por una campa unos 50 metros, me recupera cuerda y nos unimos. Monto una reunión con 2 clavos.

 

Cristian, pese a sus sensaciones, me dice que éticamente no puede permitirse escalar una montaña entera de segundo, y se prepara para el siguiente largo.
Se trataba de un resalte casi vertical de 8 metros.

Cuando lleva 4 metros escalados, mientras estaba golpeando el hielo con el piolet derecho, se le escurren los pies, y todo su cuerpo se precipita mientras consigue parar la caída del único punto que le une a la pared, el piolet de la mano izquierda. Se queda colgando de un brazo como si nada y rehace su postura. Se relaja y termina el largo decentemente.

Pese a que yo estuviera parado en la reunión, Cristian consiguió que mantuviese el calor corporal de la tensión que me hizo pasar.
El resto de la vía eran largos sencillos de mixto y campas de nieve. De modo que escalé de primero hasta que se terminó la cuerda y Cristian salió detrás de mía en ensamble y recogiendo seguros hasta que pude asomar la cabeza por la otra vertiente y divisar el espléndido paisaje de 360 grados que nos rodeaba.
Hacía sol, pero también un gélido viento que provocaría una sensación térmica mínima aproximada de -10ºC

Tras un pequeño paseo por la arista cimera coronamos la cumbre del Taillón (3.144m) Curiosamente es el primer tresmil que hacemos juntos. 
Cristian García y Javi Guzmán en la cima del Taillón 3.144m


(La última vez que intentábamos un tresmil juntos fue el Vignemale cuando teníamos recién cumplidos los 16 años, y a causa del mal tiempo y la falta de experiencia no pudimos con aquella montaña).
Bebimos un poco del té que nos quedaba en el termo y con cuidado iniciamos el descenso por la empinada ladera que nos devolvería al inicio de la vía.

Llegamos al coche con tiempo para ir a comer a Broto. En apenas 9 horas y 40 minutos pudimos hacer la actividad desde el coche hasta la cumbre y vuelta, con cerca de 2.000 metros de desnivel positivo. Una palizilla.
En breves Cristian estará currando 5 días al mes y cobrando un buen sueldo que le permita viajar cuanto quiera. Mientras tanto aquí estaré yo ansioso esperándote, en la montaña, en el lugar que me hace soñar despierto. Hasta muy pronto amigo.


jueves, 31 de enero de 2019

Escalada en Montsant


Como última concentración de este primer año con Equipo Nacional de Alpinismo, viajamos a una tierra de pequeñas paredes pero grandes aventuras. Un lugar cuyo renombre hace eco por el recio carácter y compromiso de sus vías de autoprotección, Montsant.
Tenemos la suerte de disponer de la casa que la familia de Nil tiene en Morera de Montsant, ubicada a unos pocos minutos andando de muchos pies de vía.


*13 de Noviembre del 2018:

En este primer día me junto con Nil para una primera toma de contacto en este estilo de escalada de autoprotección en agujeros.
Elegimos la vía “Plan B, 80m” en el Racó de misa.

Una vía con algún que otro parabolt y dificultades máximas de hasta 6c+, perfecta para iniciarse.
Pese a que el primer largo estuviera en algunos puntos peligrosamente descompuesto, la vía resultó poseer una considerable calidad en cuanto a movimientos, roca y opciones de autoprotección en los largos superiores.

Escalar aquí era un juego diferente, no había a penas posibilidad de anticipación para gestionar la protección y los movimientos, pues al ser las presas únicamente agujeros, no se podían ver hasta que asomabas la cara por encima de las manos, y esto hacía que los antebrazos se hincharan con facilidad mientras buscabas el siguiente agujero del que tirar. A su vez, se avanzaba sin saber qué friend podrías meter, lo que le daba un punto psicológico a la escalada.

Por muy buena que sea una vía, 80 metros saben a poco. Así que nos metimos en otra que había más a la izquierda, paralela a la que estaban haciendo Mikel Zabalza y Marc.
“Plan Omega 6c+, 80m”
Para lo pequeñas que son estas paredes, me veo acompañado por una continua sensación de escalada aérea.
El primer largo es el más comprometido. Discurre por una fisura limpia y con la parte más dura mojada. Lo resuelvo sin problemas, pero poniendo buena atención en la seguridad, pues por muy fáciles o pequeñas que puedan ser las vías, una caída puede ser igual de dolorosa que en una vía de mayor envergadura.
Javi Guzmán escalando en el racó de misa
Esta primera, fue una magnífica toma de contacto con la peculiar escuela de Montsant.
Los días son cortos en invierno, y ya no nos queda luz para mucho más, de modo que terminamos el día escalando algunas vías de deportiva de un largo en el racó de misa.

*14 de Noviembre del 2018:

Mis compañeros me hablan de “Ara o May 7b”, una bonita vía cuyo último largo abrieron Nil y Mikel hace no mucho tiempo.
Para el día de hoy hago cordada con el Jabalí de Ruben. Comenzamos la vía con un primer largo de paraboles, de una dificultad aproximada al 6b+, para seguir con un espectacular 6b de auto protección, continuar por otro peligroso 6b del mismo estilo, y plantarnos al comienzo de los largos duros.
El primero me toca a mí. Un 7a+ de desplome y resistencia cuyo patio y compromiso de protección no dejan indiferente. Tuve que luchar contra el miedo a meter friends en agujeritos con los brazos bien petados.
Cuando encontraba un buen agujero me veía en el dilema de tener que elegir entre usarlo como agarre para progresar, o sacar la mano para meter un friend y protegerme. Pero a su vez la vía, aunque con caídas más cortas, quedaba más dura. Una gestión curiosa la que se debe hacer para encontrar un equilibrio entre seguridad y eficiencia a la hora de escalar.


Mientras luchaba casi tembloroso una sección dura, de repente vi a mi derecha a Mikel Inoriza salir despedido hacia el vacío unos 7 metros. El miró hacia arriba, y contemplando el último seguro que le había soportado la caída dijo: -Pues han aguantado los plomos.
A mí, aquella recia actitud de escalada sin miedo a la muerte, me produjo una fuerte motivación para con mi vía. Sabía que los emplazamientos que protegían mis caídas eran mucho mejores que los de Mikel, y con una energía renovada y bajo los ánimos de Rubén terminé el largo como dios manda.
Rubén llega a mi altura y se enfrenta al siguiente largo, el 7b.
El tío se lo curra como mejor puede, pero no soporta el petamiento de sus antebrazos y en la sección final se tiene que colgar. Después le costó salir por arriba. Parecía duro.
Cuando yo comienzo a escalarlo de segundo, a la altura del tercer seguro, se me rompe el trocito de roca en el que estaba apoyando el pie y caigo al aire. Aprovecho para tomar reposo y continúo la escalada llegando al límite de mis fuerzas a la cumbre.

*16 de Noviembre del 2018:

Después de aprovechar las lluvias del día anterior para descansar haciendo prácticas de auto rescate, toca volver a la acción.
Esta vez me junto con Marc. Y nos metemos en una vía que anda pendiente de liberación.
El primer largo parecía más bien una escombrera de piedras sobrepuestas en forma de diedro. La dificultad residía en subir 40 metros sin arrancar un canto que pudiera provocar una fatal caída. Subo yo y luego Marc.
Le toca a él, y sale para el siguiente largo.
Pese a mis gritos de ánimo, el tío no tarda más de 4 movimientos en agarrarse al seguro en cuanto la cosa se pone apretada. Cuando subo yo de segundo, lucho el largo y lo encadeno con la cuerda por encima, me parece un sólido 7a+. Llego a una repisa y contemplo el siguiente largo. No parece nada fácil. Comienzo a escalarlo y ya tengo que resolver un duro bloque en la entrada.

Entre paraboles alejados puedo meter algún friend en condiciones. Tras un bonito diedro y una travesía llego a un bombo corto pero intenso. Desde abajo no se ve a penas canto para agarrar. Cada paso que lucho creo que será el último. Voy al límite e improvisando secuencias con lo que voy encontrando por el camino, y tras chapar el último seguro me tiro a suertes para atrapar un canto. Resultó ser malo y vuelo. Me recupero por lar cuerdas y termino el largo.
Marc sube a la reunión acerando como puede y se da el último largo que queda. Un poco mojado en algunos tramos. Recoge cuerda y lo encadeno de segundo. Será 7a. Ya estamos en la cumbre.
Comenzamos el descenso rapelando y llegamos al inicio del tercer largo. Como vamos bien de tiempo le pregunto a Marc que si no le importa asegurarme para ver si encadeno la vía entera. El cede sin problemas.
Le doy un pegue y vuelvo a caer en el mismo sitio. Me lo miro bien y bajo para darle otro, pero vuelvo a caer petado. Va a ser más difícil de lo que pensaba…
Descanso bien, me concentro, y le doy un último pegue a muerte. Llego a la sección más dura más petado que nunca, pero con una actitud mejorada. No permito que la falta de fuerzas me haga perder la técnica y consigo atrapar el último canto. Salgo del desplome y termino la placa técnica de llegada a la Reunión.

Gradúo la vía como 7b+ tras su completa liberación. Yo también me siento libre de bajar, por fin…
*17 de Noviembre del 2018:
Me he dejado lo mejor para lo último. Mikel, Nil y yo nos hemos motivado para subir a probar la vía “Ultimatum 8a”, una antigua vía de artificial con una dificultad de A3 que ha sido liberada recientemente por dos personas.
Comienzo yo escalando el primer largo de 6c parabolado. El siguiente es una joya de 50 metros limpios de 7a. Lo disfrutamos mucho y llegamos a la reunión que da comienzo al largo duro.
Nil es el primero en meterse. Escala con cuidado y detenimiento, observando las posibilidades de aseguramiento. Por lo general los tótems quedan a cañón, pero en esta vía precisamente, no conviene quitarse los agujeros buenos, ya que obligatoriamente los necesitamos para progresar.
Tras un puñado de vuelos consigue llegar a la reunión y le descolgamos. Bajo sus pies tiene 100 metros de vacío, y el desplome hace que esté separado otros 8 metros de nosotros. Le lanzamos un cabo y tiramos de él para traerlo a la reunión.
Hace frío y tratamos de ser ágiles en el cambio de encordamiento. Me ato a las cuerdas de 8,5 mm y me mentalizo (si es que es posible) para enfrentarme a mis miedos con este monstruo de vía.
Bajo el atento flash de mis compañeros voy ejecutando los movimientos del largo. Cada dos o tres seguros me cuelgo para recuperar fuerzas y mirar bien todos los posibles agarres.
En los pasos más duros siempre quedan los seguros entre uno y dos metros por debajo de los pies, y no son precisamente los seguros más sólidos que se puedan encontrar en una vía. En la mayoría de los casos eran tótems lo que nos protegía, en segundo mejor lugar había dos buriles y algún puente de roca en los más de treinta metros de tortura. Y por último lugar, también se encontraban unos 5 plomos repartidos, 2 de ellos estaban triangulados y protegían una de las secciones duras de la vía.
No me caigo ni una vez, y ejecuto los movimientos con relativa facilidad. Es un largo desplomado, con muchos pasos de bidedos y monodedos, a veces demasiado ridículos para tirar de ellos. Claramente lo difícil será unir los pasos, ya que lo que se requiere en este tercer largo es una potente resistencia  física y psicológica.
Llego muy contento a la reunión y mis compañeros me descuelgan.


Es el turno de Mikel. Él, la había probado el 8a dos días antes y se acordaba bastante bien de los movimientos. Le dio un muy buen pegue y se la dejó matizada. Después Nil volvió a subir metiéndose un par de caídas y volví a darle yo. Esta vez fui dándolo todo y mentalizado para afrontar una honorable caída en caso de no estar a la altura. Y así fue. En el último tercio del largo iba demasiado cansado y encima estaba colocado en una mala postura para atinarle a un último bidedo, lo fallé y me pegué un vuelazo bien dinamizado.
Marc había subido andando por detrás de la pared para descolgarse y tirarnos algunas fotos para las marcas. Por suerte todo esto quedó inmortalizado.
El ambiente que generaba la niebla y la profundidad de nuestros gritos en el eco, dotaban a la escalada de un fanatismo absoluto.



Por último Mikel subió una última vez por el largo, e iba escalando realmente bien. Una vez pasada la sección clave continuó escalando de una manera muy sólida el resto de secuencias. Nosotros desde abajo gritábamos celebrando lo que parecía ser evidente, pero en un último movimiento fácil arriba del todo, la humedad le jugó una mala pasada al traccionar del último bidedo, este se le escurrió, y cayó a plomo junto a todas nuestras ilusiones.
Por muy poco… pero ya era tarde y estábamos cansados de pasar el día colgados, matizando y dando pegues, de modo que nos despedimos de la vía con un –hasta pronto.
A veces una caída nos sirve mucho más para evolucionar que un encadenamiento.

Equipo Español de Alpinismo

martes, 20 de noviembre de 2018

Taghia, Atlas Marroquí

*5 de octubre del 2018:

Viernes, mi madre me deja en el aeropuerto, me voy de aventuras.
Allí nos juntamos gran parte del Equipo de Alpinismo Madrileño, es la última concentración y tenemos mucha ilusión por irnos al continente Africano. Yo en teoría ya no estoy en el equipo, cuando promocioné en el nacional no me dejaron mantener la plaza en el madrileño, pero me corresponde ir al viaje de fin de curso y me han invitado, lo agradezco mucho.

Volamos de Madrid a Marrakech. No sé cuánto tardamos, pero los entretenidos temas de conversación con los compañeros hacen que el tiempo de avión se me pase rápido.

Tras aterrizar, nos cuesta entendernos con la policía que da paso a coger las maletas para entrar al país. Pues el lugar al que vamos (Taghia) no les aparece en el mapa siquiera como una localización. Lo solucionamos finalmente diciendo que vamos al último punto habitado al que llega la carretera, el pueblo de antes.
Nos recoge nuestro chofer, llega media hora tarde. Trae una furgoneta grande adaptada con muchos asientos a modo de minibús. Vamos cargados de equipaje hasta los topes y las cosas nos entran justas.
Cuando nos saca al exterior del aeropuerto se nos comienza a abrir un mundo a otra cultura diferente. Nos sorprendía ver que se diera como algo común el ir tres o cuatro personas en una pequeña moto. Los vehículos por lo general son muy antiguos, casi obsoletos y parece que eso de la “ITV” allí no ha llegado, nadie lleva puesto el cinturón de seguridad y la mayoría de la gente va hablando tranquilamente por el móvil mientras conduce.
Vamos con las ventanillas bajadas, hace un calor agobiante. La primera parada la hacemos en un gran supermercado. Compramos todo lo que creemos que necesitaremos para comer entre horas una vez instalados en el poblado. La siguiente parada la hacemos en un pueblo grande, con aires de ciudad, queremos comprar tarjetas para tener cobertura e internet. Mientras unos se intentan entender con los de la tienda otros esperamos fuera en la calle. Vemos como los hombres se muestran cariño entre sí, andan con el brazo echado uno por encima del otro o incluso de la mano. Cuando te saludas con la gente se llevan la mano al corazón después de dártela, un gesto muy tierno. Nos gusta el ambiente lento y tranquilo. La gente camina sin prisa, se paran a charlar unos con otros.
De repente se escuchan rezos a volumen alto por unos altavoces procedentes de la mezquita, pero la ciudad sigue su curso normal. Hay lugares los cuales se paralizan y todo el mundo reza, pero no es el caso, parece que estamos en una zona muy tolerante y con diferentes costumbres. Cada uno va vestido de manera distinta, los hay que llevan chilaba y los hay que podrían ir vestidos a la moda de una ciudad europea cualquiera

En la siguiente parada que hacemos tras 5 horas pretendemos comer en un bar de carretera. Es tarde y no nos quieren poner de comer. Nuestro chofer negocia con el jefe y nos consigue una ensalada, tortilla y bebida, a un precio alto, pero nos hace falta, así que aceptamos. 
En un momento necesito ir al baño, al llegar veo un agujero en el suelo y un cubo de agua con un pequeño grifo al lado. Me acordé de que mi padre decía que los árabes comen con la mano derecha, así que uso la izquierda. A la salida de todos los baños hay otro grifo y jabón. Realmente me parece más higiénico y ecológico este método que usan aquí.
Se hace de noche, pero todavía quedan un par de horas por estos infinitos puertos llenos de curvas en mitad del desierto para llegar. Cuando por fin bajamos de la furgoneta nos reciben unos cuantos arrieros con sus burros, ellos se encargarán de nuestras mochilas.
Comenzamos a caminar en la noche por una pista tallada en una garganta. A tramos está derrumbada y la pista estrecha tanto que hay que pasar con cuidado de no caer al barranco de la derecha. El padre de mi amigo Rober ha venido, y nos quedamos un poco atrasados para ir a su ritmo, que para el escaso o nulo deporte que practica no está nada mal.
Tras dos horas llegamos a la gite Joseph. Nuestras habitaciones son cuartos diáfanos con una alfombra grande en el suelo y unos tres o cuatro colchones. Son las dos de la mañana y agotado me tiro en la cama con demasiada confianza, casi me parto la espalda. El colchón es gordo pero muy duro. Nos sorprendió que descansásemos tan bien todas las noches.

*5 de octubre del 2018:

Al día siguiente despertamos entre enormes y verticales montañas calizas. En a penas 24 horas era como si hubiéramos pasado de estar en nuestro cómodo y desarrollado país a despertarnos metidos en la pura edad media.
La gente aquí sobrevive con muy poco, llevando un duro estilo estilo de vida auto suficiente. 
 



Para este primer día, pensamos en una escalda fácil y cercana la gite, ya que no habíamos madrugado nada.
Rober y yo fuimos a la pared de Des Sources, y nos metimos en la primera vía que vimos que no tuviera ninguna cordada por encima.
Escalamos la “le reve daïcha 255m, 6a+”, que resultó ser la vía más fácil de Taghia, y pudimos comprobar el carácter de seguros alejados y pasos obligados que dan fama al lugar, aun siendo lo más fácil.




Aquel día por la tarde fuimos a la misma pared a hacer una vía que nos habían recomendado y que pudimos ojear durante nuestra escalada anterior.
“Zebda 260m, 7b+”. Zebda es una palabra árabe que significa mantequilla, y no sé si tiene alguna relación con la vía, pero esta patinaba. El primer seguro estaba bien alto. Comencé a subir, Rober me estaba portando. Me quedaba poco para llegar a la primera chapa cuando de repente perdí simultáneamente manos y pies de un resbalón. Rober justo había mirado al suelo, y al escuchar mi grito de aviso volvió la mirada hacia arriba y no pudo reaccionar. Mi culo aterrizó en su cara y caí con él al suelo. Cuando miré para atrás tenía las manos agarrándose la nariz –casi me rompo la nariz, me dijo. Yo no pude aguantarme la risa y al rato él también se reía conmigo. Otras veces toca reírse de mí. Le dolía un poco el cuello pero enseguida se dejó de quejar. Yo no me hice daño y se lo agradecí.
El primer largo era 7b+, y me caí arriba. Casi lo saco a vista. Bajé al suelo y al segundo pegue la encadené con cero complicaciones. Rober, escalando de segundo y con la mochila llego bastante alto y cayó agotado en los últimos pasos. Cuando llegó conmigo a la reunión, el cielo comenzó a tronar y las primeras gotas cayeron. Decidimos bajar e ir a pasar el resto de la tarde tranquilamente en la gite con los colegas.

*7 de octubre del 2018:

Al día siguiente volvimos a la misma vía. Rober escaló el primer largo, cerca de encadenarlo cayó y de dio rabia. No quiso volver a intentarlo, recogió cuerda y tiré para arriba.


Para los siguientes largos me vi apretando más de lo que esperaba. No había nada de magnesio, lo que convertía la escalada en un ir a vista cien por cien. Había que descubrir todos y cada uno de los movimientos, a veces navegabas hacia el lado erróneo teniendo que deshacer los movimientos para encontrar el camino adecuado. Los seguros estaban en ocasiones considerablemente alejados, y quitaban las ganas de caer. Poco a poco fui enlazando las secuencias y encadené todos y cada uno de los movimientos.

En la zona de arriba comprendí aquello de lo que tanto hablan en cuanto a la calidad de la roca. Pues es porosa, dura y bastante agresiva para la piel. Es como un coral, en ocasiones con el tacto propio de un cuchillo afilado, y puede desgarrar la piel rápidamente en el caso de no escalar de un modo eficiente.

El día siguiente lo empleamos de descanso, pero por la tarde volvimos al primer largo de esta vía para que Rober lo encadenase. Y así fue.
*9 de octubre del 2018:
Hoy vamos a hacer una de las clásicas “Baraka 700m, 7b”

A un buen ritmo se llega en una horita y media al comienzo de la vía. En esta aproximación se pasa por la famosa ferrata Bereber.


Al menos tenía un cablecito puesto con nudos para asegurarse.
Nos habían dicho mal la orientación de la pared, y prácticamente desde el primer largo nos estaba entrando ya el sol.
Roberto Muñoz en el largo de 6c de la vía Baraka. Taghia
La vía resultó ser muy guapa y exigente. En ocasiones con una difícil lectura de los movimientos, como es típico aquí. La roca era excelente, pero el sol nos mellaba las fuerzas y los pensamientos.
En algo más de 5 horas estábamos en la cumbre.
llegando a la cima del Oujdad
En la cima del Oujdad


También nos pintaron la bajada mucho más evidente de lo que realmente era, y el rapel ni lo encontramos. Todos los días cada cordada llevaba un walkie para comunicarse con el resto de compañeros. En el caso de que ocurriera algo debíamos de apañarnos entre nosotros. Lo más parecido a un helicóptero de rescate que se podría dar aquí era un burro.
Por lo general a la tarde se formaban tormentas, a veces muy fuertes aunque no llegamos a pillar ninguna seria en todo el tiempo que estuvimos allí, eso complicaría mucho la bajada.
Sin saber por qué, nos habíamos quedado sin batería en el walkie para poder preguntar sobre la bajada, y tuvimos que destrepar con cuidado la montaña entera por la vertiente este para luego coger la empinada canal de bajada hasta el pueblo.

*10 de octubre del 2018:

A la mañana me levanté con dolor de cabeza, tenía insolación por todo el sol que habíamos chupado durante la escalada en la Baraka y necesitaba pasar el día reposando. No quedaban muchos días y me fastidiaba perder uno. Yo funciono muy bien con bajas temperaturas, soy realmente caluroso y genero calor con gran facilidad, pero el calor me destruye.
Pasé la tarde en la terraza de la gite, sentado en una silla y con los pies en alto y leyendo mi libro de Dawn Wall, escrito por tommy Caldwell. Trata sobre la historia de la vía de escalada más dura del mundo.
Al llegar la noche, las estrellas inundan el cielo de una manera bestial, la silueta de las montañas queda perfilada creando un ambiente profundamente inspirador.

 *11 de octubre del 2018:

El objetivo de equipo para esta concentración era abrir entre todos una vía equipada de varios largos. Llevan días subiendo oleadas de tres, y hoy nos toca abrir a Gabo y a mí los dos últimos.
Aproximamos una hora y llegamos al pié de vía. Jumareamos 200 metros de cuerda fija con el material necesario, nos anclamos a la última reunión alcanzada, Gabo me asegura y comienzo a abrir. En menos de una hora había abierto 60 metros en los que solamente había instalado 5 paraboles, uno por cada 12 metros. Nos habían dejado que cada uno abriese con la ética que quisiera, pero que luego el largo tenía que quedar bien equipado y cosido a seguros. De modo que después le di un repaso al largo durante el rapel para colocar mas seguros, habíamos puesto unas normas en común y hay que respetarlas.
Gabo, escalando dos chapas más hizo cumbre.
Croquis de Entre dos aguas
En honor a Paco de Lucía llamamos a la vía entre dos aguas. Y así dejar un nombre hispano en el atlas. La llamamos así porque esta línea abierta en equipo y con mucho amor, discurre entre dos cascadas por las que cae agua en invierno. Su música sonaba por la noche durante las charlas después de cenar sopa y tajín.

Al bajar observé una cueva bastante interesante para abrir una ruta dura de deportiva.
Aquella tarde planeé con Rober lo que sería la incursión más dura de la concentración. Una vía de 500 metros y 7b+ en estilo de auto protección, pocas veces escalada entera en el día. Preparamos con ilusión las mochilas y nos acostamos.

*12 de octubre del 2018:

El despertador sonó a las 4:30 de la madrugada. Rober se encontraba mal, no tenía bien el estómago y no había dormido en toda la noche. Si un tipo duro como Rober no lo ve claro para ir a la vía es porque realmente no debemos ir. De modo que nos volvemos a acostar hasta la salida del sol. Durante el viaje se fue turnando la gente con los problemas de barriga. Yo por suerte tengo el estómago de acero.
Por la mañana no me quedó otra opción que convencer a Talo para que me ayudase a equipar la cueva que había visto el día anterior, ya que necesitaba un plan de emergencia.
Javi guzmán abriendo la vía Aladín 8a+? en Taghia, Marruecos
Me armé de ganchos, friends y lazos para hacer puentes de roca y abrí una vía de puro techo con final desplomado y salida en placa técnica.
Nunca había recomendado una vía abierta por mí hasta ese día. El resto de la tarde y el día siguiente los pasé intentando liberar la línea. Pero el cansancio acumulado del viaje, el desgaste de piel, y la justa nutrición durante 10 días, tiraban en mi contra. Además de que la vía parecía ser bien dura.

Javi Guzmán en el reposo de su vía Aladín 8a+?

La llamé Aladín, y rondará entorno al 8a+?
De roca excepcional y movimiento fanáticos. Una lástima no haberla podido encadenar. Pero eso la convierte en una de mis cuentas pendientes y por lo tanto un motivo más para volver…

De todos los viajes que he echo este año, el de Taghia es el que más seguro estoy de repetir para el año que viene. Me ha parecido un lugar increíble, lleno de gente auténtica y además barato. Con un clima aceptable siempre que no te tomes un día entero al sol. Aquí hay mucho más por descubrir de lo que se conoce. Además no me dio tiempo a hacer ni la mitad de las cosas que me hubieran gustado. Así que por eso y por un sin fin más de motivos, repetiré este viaje sin dudar en cuanto salga la oportunidad.